El cardenal estadounidense Robert Francis Prevost, con una significativa trayectoria misionera en Perú y quien también obtuvo la ciudadanía peruana, fue elegido como el nuevo Papa de la Iglesia Católica, adoptando el nombre de León XIV.
Este acontecimiento marca un hito histórico, convirtiéndolo en el primer pontífice originario de Estados Unidos y el segundo del continente americano en ocupar el trono de San Pedro, tras el fallecimiento del Papa Francisco (Jorge Bergoglio). El anuncio desató una oleada de entusiasmo entre los miles de fieles congregados en la Plaza de San Pedro del Vaticano, quienes esperaban con gran expectación el nombre del sucesor.
En un momento en que la Iglesia Católica se encontraba debatiendo entre la continuidad de la agenda inclusiva de Francisco y un posible retorno a posturas doctrinales más conservadoras, la figura de Prevost emergió como una alternativa de equilibrio. Sus partidarios lo presentaron como un líder capaz de navegar entre las corrientes progresistas y conservadoras que han marcado profundas divisiones internas en la Iglesia.
Prevost se alinea con muchos de los ideales de Francisco. Fue Prior General de los Agustinianos y Obispo de Chiclayo, en el noroeste de Perú, cargo al que fue designado en 2014 por el pontífice argentino, quien demostró su confianza en él al llevarlo a la curia romana en 2023 para dirigir el Dicasterio para los Obispos, un departamento vaticano crucial encargado de la selección de obispos a nivel mundial.
Desde esta posición, Prevost se enfocó en identificar a hombres que encarnaran la visión de Francisco para la Iglesia. Su rol también lo puso en contacto directo con las tensiones entre su mentor papal y los sectores más conservadores del catolicismo. Su experiencia en el “descubrimiento” de nuevos obispos y su profundo conocimiento de la realidad sudamericana durante el papado de Francisco le permitieron mantener una comunicación constante con la jerarquía eclesiástica global.
Al igual que su predecesor, Prevost muestra un fuerte compromiso con los pobres y los migrantes, abogando por un acercamiento proactivo hacia ellos. En el pasado, expresó que un obispo no debe ser una figura distante, sino alguien humilde, cercano a la gente a la que sirve, caminando y sufriendo con ellos. Su conocimiento de la realidad latinoamericana también llevó a Francisco a nombrarlo presidente de la Pontificia Comisión para América Latina.
La elección de Prevost podría también estar influenciada por el hecho de que Estados Unidos alberga la cuarta población católica más grande del mundo. Un Papa estadounidense podría otorgar al Vaticano una influencia significativa en un escenario global complejo y marcado por diversos conflictos.
Analistas señalan que Prevost podría representar una combinación estratégica de la eficacia organizativa y el pragmatismo de su origen estadounidense con la sensibilidad pastoral que desarrolló en Latinoamérica, lo que le permitiría continuar con el legado de Francisco. Además, se ha sugerido que podría actuar como un “muro de contención” frente a figuras políticas con posturas migratorias duras, como el expresidente Donald Trump, cuyas opiniones contrastaban con las de Bergoglio.
Aunque el candidato preferido por Trump para suceder a Francisco era el cardenal Timothy Dolan, una figura más tradicionalista y crítica de la agenda de Bergoglio, el cónclave se decantó por Prevost. Su perfil moderado y equilibrado, junto con su sólido criterio y su capacidad para desenvolverse en el escenario global y abordar las finanzas vaticanas, fueron considerados cualidades clave por los cardenales electores.
Medios italianos lo han descrito como “el menos estadounidense de los estadounidenses” debido a la moderación de su discurso. Sus seguidores esperan que continúe el proceso consultivo iniciado por Francisco para involucrar más a los laicos en la vida de la Iglesia. El propio Prevost, tras la muerte de Francisco, enfatizó la necesidad de seguir adelante con la transformación de la Iglesia, adaptándose a un mundo en constante cambio y siguiendo la guía del Espíritu Santo.
Prevost conoció a Bergoglio durante sus años como arzobispo de Buenos Aires, forjando una relación durante sus visitas a Argentina como Prior General de los Agustinos. Nacido en Chicago en 1955, cultivó una sólida formación académica, con estudios en matemáticas y un doctorado en Derecho Canónico. Su dominio de varios idiomas facilitó su labor en diversas misiones internacionales.
Tras ingresar en la Orden de San Agustín, fue enviado a Perú en 1985, donde desarrolló una extensa labor pastoral y educativa durante muchos años. Regresó brevemente a Estados Unidos antes de volver a Perú, donde dirigió un seminario y enseñó derecho canónico. En 1999, fue elegido Prior Provincial de los Agustinos en Chicago y, posteriormente, Prior General de la orden a nivel mundial durante dos mandatos.
En 2014, Francisco lo nombró administrador apostólico y luego obispo de Chiclayo, obteniendo la ciudadanía peruana en 2015. Durante su tiempo en Perú, participó activamente en la Conferencia Episcopal Peruana. Aunque elogiado por su apoyo a los migrantes y su cercanía a las comunidades, también enfrentó controversias, incluyendo acusaciones de presunto encubrimiento de abusos sexuales, las cuales fueron negadas por su diócesis.
Sus antiguos compañeros de adolescencia lo recuerdan como una persona amable y compasiva, con una clara vocación sacerdotal desde temprana edad, aunque quizás nunca imaginó alcanzar el máximo liderazgo de la Iglesia Católica.


