Lo que debía ser una jornada escolar memorable terminó convertido en un profundo calvario para Loveli Raphael Josef. Desde hace nueve días, la madre vive sumida en una incertidumbre desgarradora tras la muerte de su hija, Stephora Raphael Josef, de 11 años, quien nunca volvió con vida del paseo escolar organizado por el Instituto Leonardo Da Vinci.
La niña salió temprano hacia el centro educativo, como lo hacía cada día. Había sido seleccionada para participar en una excursión como reconocimiento a su desempeño académico. Sin embargo, a media mañana, Loveli recibió una llamada del colegio que encendió las alarmas: la informaron de que Stephora se había sentido mal y preguntaron a qué centro médico podían trasladarla. Poco después, le enviaron una ubicación: la hacienda Los Caballos, en Jacagua.
Cuando llegó, no encontró rastro de estudiantes ni maestros. Solo un hombre que se presentó como abogado del colegio y agentes policiales le indicaron que la niña estaba siendo atendida por un médico y que debía esperar fuera del recinto. Pasaron cuatro horas sin información clara. El primer indicio de lo ocurrido se lo reveló, de forma extraoficial, un agente policial: su hija había fallecido. Aun así, nadie del personal autorizado se lo confirmó. Solo le comunicaron que al día siguiente podía presentarse a la morgue.
“Mi vida se detuvo ese día”, expresa entre lágrimas. “Todo se volvió silencio”.
Un talento excepcional
Stephora, hija única, había nacido tras tres embarazos perdidos y seis meses de gestación, por lo que su madre la consideraba un milagro. Políglota desde temprana edad, dominaba francés, inglés y español. Practicaba fútbol, disfrutaba de la cocina y era modelo ocasional, llegando a presentarse en el RD Fashion Week.
Una excursión que generó confianza
Su madre aceptó la participación de la niña en el paseo porque venía como premio a sus buenas calificaciones y porque, durante años, creyó que el colegio era un espacio seguro y responsable.
Pero hoy asegura que no ha recibido una explicación formal de lo ocurrido. Tampoco la han visitado los directivos del centro educativo, y las pertenencias de su hija aún se encuentran en la institución.
Ofrecimientos rechazados
Durante el velatorio, representantes del colegio se acercaron para cubrir los gastos funerarios. La madre rechazó ambas ofertas al considerar que lo que necesita no es apoyo económico, sino claridad sobre lo sucedido. “Lo único que pido es ver los videos y saber cómo murió mi hija bajo su cuidado”, insiste.
Señalamientos sobre falta de supervisión
Según representantes legales de la familia, de manera extraoficial han sabido que el paseo carecía de medidas mínimas de seguridad: pocos docentes para la cantidad de estudiantes, ausencia de personal de rescate en la piscina —la cual no tenía áreas de profundidad delimitadas— y falta de personal de emergencia.
A once días del hecho, la menor continúa embalsamada en una funeraria privada mientras se esperan los resultados preliminares de la autopsia.
Dudas sobre la actuación de la fiscalía
El abogado de la familia afirma que la fiscal de homicidios, Cristina Ramírez, se negó a recibir formalmente la denuncia, alegando que debía terminar primero su propio proceso investigativo. La familia considera inusual esta respuesta y ha decidido notificarla oficialmente mediante alguacil.
Asimismo, solicitarán al Ministerio de Educación una investigación administrativa sobre el paseo, considerando que la normativa vigente prohíbe excursiones escolares a playas, ríos, balnearios y piscinas debido a los riesgos que representan para los estudiantes.
Un caso que clama respuestas
La madre, devastada, espera poder recuperar las pertenencias de Stephora, acceder a los videos del lugar y comprender qué sucedió realmente aquella mañana del 14 de noviembre.
“Mi hija salió viva de su colegio. Me la entregaron sin vida. Y nadie ha podido decirme por qué”, sostiene.
“Yo no puedo enterrarla hasta saber la verdad”.


