Cinco días después de la explosión que sacudió la torre Intempo, en el sector Villa Marina del Distrito Nacional, la normalidad aún no logra reinstalarse entre sus residentes. El edificio, marcado por vidrios rotos y restos de materiales esparcidos, permanece en un estado de espera forzada mientras las familias regresan de manera intermitente solo para rescatar lo indispensable de sus hogares, todavía dominadas por el miedo y la incertidumbre.
El incidente, ocurrido el pasado 10 de diciembre y que dejó al menos cinco personas heridas, transformó la rutina de quienes habitaban la torre, compuesta por unos 25 apartamentos. Aunque algunos propietarios se acercan con cautela a sus viviendas, la mayoría evita una estadía prolongada ante la falta de garantías oficiales sobre la seguridad de la estructura. “Seguimos a la espera de los informes del Ministerio de la Vivienda y Edificaciones; hasta entonces no podemos volver”, expresó Pedro Reyes, uno de los residentes afectados.
Los testimonios de quienes vivieron el momento del estallido reflejan la magnitud del impacto emocional. Daira Martínez, quien se encontraba en un apartamento del mismo nivel donde ocurrió la explosión, recordó la confusión y el pánico que se apoderaron del lugar. “Al escuchar los gritos en el pasillo, solo pensé en salir lo más rápido posible”, relató, describiendo una escena de caos que aún resuena entre los vecinos.
De acuerdo con versiones recogidas en el entorno, el estallido se habría originado en uno de los apartamentos donde, presuntamente, se utilizaba un tanque de gas, a pesar de que el edificio cuenta con un sistema de gas común. Residentes aseguran que esta práctica contravenía las normas del condominio y que el inquilino involucrado se había negado a pagar el servicio colectivo, además de haber protagonizado conflictos previos dentro de la torre.
Sin embargo, las autoridades no han confirmado de manera oficial las causas del incidente, mientras continúan las evaluaciones técnicas. Entre tanto, la torre Intempo sigue siendo un espacio suspendido en el tiempo, donde la vida cotidiana quedó interrumpida y sus moradores aguardan respuestas que les permitan, finalmente, volver a casa con tranquilidad.


